sábado, 5 de mayo de 2007

Volver al ambientalismo

Por Gonzalo Palomino Ortiz *

Los historiadores recordarán esta como la época como la que, finalmente, empezamos a comprender que el planeta que conocemos estaba en peligro... y no por una situación hipotética, como una eventual guerra nuclear, sino por el consumo del carbón, petróleo y gas, de los cuales depende la mayor parte de nuestras actividades.

Esto comienza con los alimentos

A nosotros... permanentes militantes de la ecología romántica nos han ido dañando el corazón.... Ya no creemos en que esta vaina tenga arreglo... son muchos los indicadores de que estamos caminando en paso rapidito hacia el umbral. Por ejemplo aquello del pantallero Bill Clinton quien insistía en que todo lo del planeta se reducía al lema elegido para su campaña: "Es la economía, idiota."

Pero simultáneamente, seguimos creyendo en que existen alternativas, soluciones posibles.... Como somos admiradores del trabajo de Manos de Mujer, en Coyaima, Colombia, en donde dos mil 200 mujeres están realizando agricultura orgánica para la olla... citaremos la experiencia de Bill McKibben -- ensayista, ambientalista y autor del exitoso libro El Fin de la Naturaleza — en su excelente ensayo publicado en la revista National Geografic de agosto de 2006, con el titulo de Verde Intenso, con la pretensión de mamarle gallo a la amenaza apocalíptica ... el artículo debería ser un documento de oración en todas las iglesias y núcleos ambientalistas.... El autor es un militante y pide más militancia en esa doctrina llamada ambientalismo.

Indicadores de color rojo

El soporte científico del Dr. McKibben son conclusiones de observaciones profundas que no se pueden ignorar.

** El aumento en la frecuencia y fuerza de los huracanes.

** Los hielos del mar Ártico se están derritiendo de manera irreversible.

** El permafrost (suelo congelado) que se fundió en el noreste de Siberia produjo tanto metano que los lagos no se congelaron ni durante la temporada más fría del invierno boreal.

** El 2005 fue el año más caluroso del que se tenga registro.

** Tenemos demasiado dióxido de carbono. El científico británico James Lovelock, publicó un ensayo en que señala que ya hemos liberado demasiado dióxido de carbono hacia la atmósfera, y predice que es inevitable un calentamiento global extremo e irreversible. Lovelock pronosticó que miles de millones de personas morirán en este siglo.

** Y la tendencia climática, según James Hansen, climatólogo con una larga carrera en la NASA, quien desafió los intentos del gobierno federal por silenciarlo..., y basándose en los nuevos cálculos sobre la inestabilidad de la plataforma glacial de Groenlandia... declaró a la prensa sobre la gravedad del cambio climático: "No podemos permitir que la tendencia del cambio del clima se mantenga así otros 10 años. ... ello provocará una acumulación de dióxido de carbono que dará como resultado un planeta prácticamente diferente".

Y solamente nos quedan diez años.

Basado en esos indicadores, de verdades urgentes, Bill McKibben insiste en que tenemos menos de 10 años para revertir el daño causado. Y que no se trata de lo que les tocará vivir a nuestros hijos ni a nuestros nietos. Es lo que nos toca vivir a nosotros.

Los historiadores recordarán esta como la época como la que, finalmente, empezamos a comprender que el planeta que conocemos estaba en peligro... y no por una situación hipotética, como una eventual guerra nuclear, sino por el consumo del carbón, petróleo y gas, de los cuales depende la mayor parte de nuestras actividades. Esto es una novedad. El ser humano nunca antes se ha enfrentado a algo que amenace a toda la sociedad moderna. Que salgamos airosos o no depende, creo, de lo que suceda con la doctrina que llamamos ambientalismo.

Otro sendero es necesario

A partir de estos indicadores y otros más de su cosecha, elabora planes de gestión optimistas orientados hacia un cambio profundo en las actividades cotidianas de su país y nos entrega experiencias personales y una invitación a los gringos a abandonar los hipermercados y volver a refugiarse en la naturaleza, en su agricultura y compartir la existencia con los campesinos.

Abandonar la adicción a los hipermercados

"El invierno pasado, registra Bill McKibbe, me propuse sobrevivir a los meses más fríos en el valle del norte de Estados Unidos sólo con la comida que produce el condado donde vivo. Y no solamente sobreviví, sino que la pasé estupendamente. Había abundancia de papas, cebollas, betabeles, carne, sidra, cerveza, trigo, huevos y suficientes tomates enlatados como para poder arreglármelas. Estoy seguro de que ahorré muchísima energía. Compré mi comida en el mercado de productos agrícolas en vez de ir al supermercado más cercano. Me llevó más tiempo, por supuesto, pero puedo contar por docenas los amigos que hice; esta fue la mayor ganancia de todo el experimento.

"No soy el único que piensa así. En Estados Unidos, la cantidad de mercados de productos agrícolas se ha duplicado durante el último decenio. Las ventas aumentan al menos 10 por ciento cada año: Es uno de los segmentos de mayor expansión en el sector alimentario. En un sábado en Madison, Wisconsin, se llegan a reunir 18 mil personas que compran productos en las calles aledañas al palacio municipal. En Burlington, la ciudad más grande de Vermouth, alrededor de siete por ciento de los alimentos frescos que consumen los habitantes se cultivan en sólo 40 hectáreas de terrenos agrícolas comunales, cercanos al antiguo basurero de la ciudad. Algunos tienen clientes yuppies. Otros de bajos recursos. Todos unen a la gente.

"Usted también puede reorganizar de esta manera muchos aspectos de su vida diaria: El transporte, la vivienda o, incluso, la electricidad."

Reorganizar la vida diaria

"Para que esto suceda, necesitamos cambiar desde hoy y concebir nuestros hábitos y normas de vida de manera diferente. Tenemos que modificar nuestras necesidades y las cosas que deseamos, no a partir de un sentido de idealismo o ascetismo, sino desde un sentido pragmático.

"Por ejemplo, los estadounidenses importan comida de sitios muy lejanos. Como siempre es verano en alguna parte, se han acostumbrado a un sistema alimentario que les proporciona frutas y verduras frescas los 365 días del año, cuyo costo energético es descomunal: Cultivar y transportar una sola caloría de lechuga desde California hasta la costa este de Estados Unidos requiere 36 calorías de energía. ¿Qué se necesita para que vuelvan a consumir productos de la zona, y acepten lo que ofrecen las estaciones del año y los agricultores locales?

"Pensemos también en las casas que los estadounidenses construyen ahora. Son de más del doble del tamaño que tenían en 1950, pese a que el número promedio de integrantes del hogar sigue disminuyendo. Es más difícil calentar o enfriar lugares tan grandes, incluso con calentadores o aires acondicionados modernos. Además, como estas casas sólo pueden construirse en enormes terrenos suburbanos, sus ocupantes dependen por completo del automóvil.

"¿Qué se necesita para que los estadounidenses vuelvan a pensar en casas más pequeñas, más cercanas al centro de la ciudad, donde puedan utilizar el autobús o la bicicleta para su transporte diario? Se necesita un movimiento que tome en serio las aspiraciones de la gente a una vida prolongada, con buena calidad y seguridad. Un movimiento que asuma esos deseos más en serio de lo que lo ha hecho la economía de consumo. Se requiere una cultura ambiental que haga críticas más profundas.

"¿Cuán profundas? He aquí algunos datos tan interesantes como el incremento agudo en la temperatura del planeta... y casi igual de deprimentes. Desde los años que siguieron a la segunda guerra mundial, el porcentaje de estadounidenses que considera tener una vida "muy feliz" se ha mantenido estable, aunque sus condiciones materiales casi se hayan triplicado en el mismo periodo. Tener más cosas no nos hace más felices, pero no podemos romper un círculo vicioso que como único objetivo real sólo nos ofrece más cosas.

"Durante mucho tiempo, la teoría económica convencional nos ha convencido de que somos entes con deseos insaciables, lo cual podría ser cierto; pero al parecer, nuestro mayor anhelo es tener más contacto con otras personas. Los estadounidenses han construido la sociedad más individualista del mundo: Según algunas encuestas, la mayoría no conoce a sus vecinos, situación que le resultaría completamente ajena a un primate. Esto ha contribuido al enorme éxito de la economía: Exito o el fracaso depende de los esfuerzos propios. Sin embargo, también ha contribuido al creciente sentimiento de insatisfacción y a esa nube de dióxido de carbono.

"Si hay que ir en automóvil a todas partes, resulta difícil reducir las emisiones. Más si nuestra idea del paraíso sigue siendo una casa de 370 metros cuadrados, lejos del mundanal ruido, resulta complicado concebir un cambio rápido Pero hay esperanza de un posible futuro alternativo.

Resistencia ciudadana

"El ambientalismo es esencialmente un invento estadounidense, una de las concepciones más poderosas que ese país ha ofrecido al planeta, que surgió ahí por una razón muy sencilla: Los estadounidenses adquirieron conciencia absoluta de las consecuencias de sus acciones cuando aún se encontraban en el proceso de dominar los bosques y las praderas del país. Sin embargo, cuando llegó la hora de enfrentarse al calentamiento global, el activismo fracasó estrepitosamente.

"El ambientalismo no está condenado. Lo necesitamos más que nunca. Pero debe convertirse en una nueva cultura, no en un nuevo tipo de filtro. Debe centrar su atención tanto en los religiosos y en los sociólogos como en los científicos; preocuparse por igual de las zanahorias en los mercados de productos agrícolas como de los caribúes de la tundra ártica. No necesitamos un retoque del mundo que ya habitamos, sino que debemos comenzar a producir cambios que, por su envergadura, correspondan a los problemas que enfrentamos. Tanto el miedo a lo que pase si no cambiamos, como las expectativas de lo que vendrá si lo hacemos, abren nuevos horizontes para un replanteamiento más profundo de lo que cualquier pensador estadounidense, desde Thoreau, haya imaginado. Sin embargo, 10 años es muy poco tiempo; lo mejor es empezar de una vez".

* Gonzalo Palomino Ortiz
EL NUEVO DÍA
Grupo Ecológico del Tolima
http://www.elnuevodia.com.co

Nota :Este artículo es una síntesis del artículo Verde Intenso, publicado en la revista National Geographic en agosto de 2006

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